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No encontré respuestas,

inviernos acuden en jauría

a morder mis huesos.

No alzo la voz aunque

sé que vienen

sedientos de apoderarse de lo recóndito

aúllan y el vaho forma

los versos de la escarcha,

la canción de la niebla.

Apuro el vaso no sea

que sea el último.

No te acarician mis palabras

ya no

te conmueven.

Tu sonrisa me miente como si

fuese la primera vez

y allá en las cumbres donde está lo perdido

espero a los inviernos.

El eco de mi rabia y el sonido de mis latidos

provocan todos los aludes

en todas las cordilleras que tú ignoras.